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Conciliación / Corresponsabilidad

¿Qué es conciliación y corresponsabilidad?

La conciliación personal, laboral y familiar hace referencia a la compatibilización de dos espacios: el público (o productivo) y el doméstico (o reproductivo) y supone la necesidad de que mujeres y hombres compartan estas funciones en la sociedad. La sociedad va evolucionando, los viejos esquemas de reparto de las responsabilidades familiares ya no son válidos. ¿Por qué? Porque las mujeres también quieren dedicarse a otro tipo de actividades como ampliar su información, divertirse, trabajar fuera de casa, etc. Y porque los hombres también quieren participar más en el cuidado y educación de sus hijas e hijos, por ejemplo.

Ser mujer u hombre no supone la obligación o exclusión de ningún tipo de actividad. En el ámbito doméstico hay tareas agradables y otras que son menos atractivas pero que son necesarias para conseguir una mayor comodidad e independencia personal. A repartir y compartir las responsabilidades familiares y domésticas se le llama corresponsabilidad familiar. Las ventajas de la corresponsabilidad familiar son:

La falta de reparto del trabajo doméstico supone para las mujeres que desarrollan trabajos remunerados fuera del hogar el gran problema de la doble jornada. La doble jornada, en muchas ocasiones, coloca a las mujeres ante el dilema de tener que elegir entre trabajo y familia o intentar conciliar ambas viéndose obligadas a:

Responsabilizarse de una tarea significa tener la obligación última de su realización, es decir, hacerse cargo e que se cumpla una determinada cosa. Sin embargo, Ayudar supone estar libre de esa responsabilidad final, es prestar cooperación pero no encargarse de su cumplimento. Por eso las mujeres no necesitamos ayuda, sino compartir la responsabilidad para democratizar el espacio doméstico. Aunque los hombres estén incorporándose lentamente a las tareas del mantenimiento del hogar, el cuidado de los hijas/os y mayores, lo hacen desde una actitud subsidiaria, de ayuda a las tareas de la casa. Pero la conciliación para ser efectiva precisa de una plena participación de los varones.

El trabajo doméstico es un conjunto de actividades destinadas a producir bienes y servicios orientados al mantenimiento y desarrollo físico, psíquico y social de quienes conviven en el espacio doméstico. Tiene como características principales que es un trabajo sin remuneración dineraria, no está valorado social ni económicamente, no tiene asignado un precio. En la economía patriarcal, no tiene valor de mercado, y por ello, el sistema económico no contabiliza en cifras a la hora de calcular la riqueza. (PIB.). El trabajo doméstico no tiene horario delimitado ni reglamentado y no produce ningún tipo de reconocimiento. El trabajo doméstico es desempeñado gratuitamente, por las mujeres en la mayoría de los casos y, en ocasiones, es ingrato. Quizá por ello no cuenta con un reconocimiento social y adecuado y los hombres lo ven como algo ajeno a sus compromisos pues tradicionalmente se ha considerado "cosas de mujeres". Que el trabajo dentro del hogar no reciba una remuneración no es impedimento para que las actividades que se realicen en el seno del hogar requieran un esfuerzo y dedicación que en muchos casos superan a otras ocupaciones que si están remuneradas. Además, el trabajo doméstico no puede entenderse sólo como un conjunto o enumeración de actividades como cocinar, limpiar, planchar, cuidar niñas/os... porque:

El trabajo emocional es la parte del trabajo domestico en que más energía y tiempo consumen las mujeres. Un ejemplo para clarificar: Preparar una comida es una tarea doméstica, pero hacerlo teniendo en cuanta los gustos, el cuidado de la salud de la otra persona, el hacer sentir bien atendido al modo de servir la comida, el crear un clima que permita una buena digestión, es un ejemplo de "trabajo emocional". El trabajo emocional es un servicio del que los varones, incluidos los jóvenes, son beneficiarios sin reconocerlo, y en el que generalmente las mujeres no son recíprocamente satisfechas.

(Fuente: Fundación Mujeres. Autora: Eva Mª de la Peña Palacios.)

 

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