|
Su apogeo
bajo la dominación romana lo alcanzó en los siglos I y II. Irun
era el punto de confluencia de tres calzadas: la que, paralela a
la costa cantábrica, recorría el norte peninsular desde Lugo; la
que, por el valle del Ebro, procedía de Tarragona, y una tercera
que venía desde Briviesca. En Irun conectaban con las Galias, al
otro lado del Bidasoa.
La ciudad
romana se asentaba a orillas del mar, junto al estuario formado
por la desembocadura del Bidasoa, y más concretamente en los aledaños
de la iglesia del Juncal, en las estribaciones del cerro de Beraun,
siendo uno de sus máximos exponentes el puerto romano recientemente
puesto a la luz en la actual calle Santiago.
Otros
testimonios de la presencia romana en Irun los hallamos en la necrópolis
de Santa Elena, así como en las inmensas galerías del macizo de
la Peña de Aia, que evidencian una prolongada y continua explotación
minera. Es probable que la forma de vida romana perdurara hasta
el siglo VIII, a pesar de las sucesivas invasiones, saqueos y conflictos
bélicos en general.
|
 |