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Se han
aventurado conjeturas acerca de la presencia de fenicios y cartagineses,
pero carecemos de noticias que avalen la autenticidad de los hechos.
Aunque desconocemos casi todo acerca de los orígenes, evolución
y forma de vida de los primeros habitantes de Irun, la presencia
romana es incuestionable y, gracias a las excavaciones realizadas
en los últimos años en Beraun, plazoleta de la iglesia del Juncal,
ermita de Santa Elena, minas de Arditurri en la Peña de Aia, minas
de Altamira, calle Santiago, Tadeo de Murguia y calle Beraketa,
se han encontrado restos de cerámicas, tejas y vidrios y monedas,
entre otros.
Con
anterioridad a 1200 el territorio ocupado por Irun pertenecía al
Reino de Navarra, incorporándose ese año a Castilla.
La primera
referencia escrita relativa al término Irun la encontramos en la
Carta Puebla otorgada a Fuenterrabía por Alfonso VIII de Castilla,
dada en Palencia el 18 de abril de 1203. Desde ese momento hasta
su independencia alcanzada por Real Cédula de 27 de febrero de 1766,
otorgada por Carlos III, la Universidad de Irun-Uranzu, aunque tenía
jurisdicción propia en lo político, económico y militar, dependía
de Fuenterrabía en lo civil y criminal, manteniendo numerosos pleitos
con la ciudad vecina que se oponía sistemáticamente a que Irun-Uranzu
pudiera levantar casas de piedra, al comercio de granos, al reparto
de alcabalas, a las sisas sobre mantenimiento, etc., amén de otros
pleitos sobre mojones, pesas y medidas, aprovechamiento de tierras
comunales, nasas salmoneras, etc.
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