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El Archivo
Municipal de Irun se remonta hasta mediados
del siglo XVI y su evolución podemos consultarla en
los siguientes apartados:
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Según
datos recogidos por Serapio Múgica
en su tarea de organización del Archivo Municipal
(1897-1898), los documentos más antiguos del Archivo
se destruyeron en las invasiones
que las tropas francesas realizaron
por esta frontera.
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Según
las ordenanzas de este año, las
escrituras que pertenecían al pueblo (inventariadas)
se debían guardar
en el Archivo de la Iglesia, del cual
un Jurado y un Diputado tenían una llave
cada uno.
El dato
más antiguo que proporciona
Serapio Múgica, referido al archivo como
tal, se remonta a mediados del siglo XVII. Señala
que en 1648 se rescataron
de Francia los papeles del Archivo,
gracias al favor de amigos y pagando cien reales
por ellos. Estos documentos seguramente fueron
llevados en 1638
durante la invasión francesa
que asoló Irun y Fuenterrabía.
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Al
conseguir Irun la exención
de Fuenterrabía en 1766 se acordó
trasladar el Archivo de la Sacristía
a la Torre por
no haber en aquella suficiente capacidad para
todos los papeles que se iban a traer de la ciudad
de Fuenterrabía.
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En
sesión de 27 de diciembre de 1767 se pretende
sacar los papeles del Archivo de la Sacristía de
la Iglesia del Juncal, poniéndolos en
un lugar más cómodo; se acuerda también
trasladarlos a la primera pieza de las que había
en la torre del campanario llamada Labezarra.
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En
1796 se acordó en el Ayuntamiento hacer
un armario para el Archivo y encuadernar los documentos
en pergamino, encargando al Escribano
José Berrotarán la obra.
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En
1807 Domingo Olazabal,
Juan Antonio Olazabal, El Barón de Oña y José Joaquín
de Escorza arreglaron el Archivo.
El 14 de mayo de 1837, al
entrar al asalto los ingleses en Irun,
todo el archivo anduvo por la calle y
desapareció la Real cédula de exención de jurisdicción
civil y criminal que había
sido concedido a la Universidad de Irun en 1766.
En 1841 fue devuelta por
el Presbítero Juan Justo de Mocorrea
quien la había recibido bajo secreto de confesión.
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En
1843 el Ayuntamiento mandó arreglar de nuevo
el Archivo.
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Según
Rosa María Garmendia
en "Algunos datos históricos
del Archivo Municipal de Irun, 1989" en
las Ordenanzas de 1560 de la Universidad de Irun-Uranzu,
se indica que todas las escrituras
pertenecientes al pueblo -inventariadas-
debían de guardarse en el Archivo de la Iglesia,
del cual un Jurado y un Diputado
tendrían una llave cada uno. Al finalizar su
cargo, entregarían las escrituras y las llaves -ante el
escribano- a los nuevos, en el plazo de 20 días, so pena
de 1.000 maravedís cada uno. En 1753
figuran como responsables
Juan José de Berroa y Félix de Beraun. En la
práctica diaria continuamente se acudía a los Archivos cada
vez que había que retificar o conformar
algún documento, cuando había que
delimitar tierras y se hacía preciso conocer
los propietarios anteriores...
El 15 de enero de 1892
acordó la Comisión Provincial que se procediera a la ordenación
de los Archivos y designó, con el título
de Inspector de Archivos Municipales de Guipúzcoa, a Serapio
Múgica; el 3 de Octubre
de 1899 terminó la tarea de ordenación del archivo
dejando unas reglas para el mejor gobierno del Archivo que
desgraciadamente no siguieron. Según Emilio
Navas la documentación no se volvió
a ordenar hasta al menos dieciocho años más
tarde. De 1906 a 1940 se sacaron
algunos documentos del archivo que no fueron devueltos
mientras que otros fueron destruidos durante la guerra civil.
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A
comienzos de octubre de 1981
la Diputación Foral de Guipúzcoa
procedió a la contratación de
ocho personas para trabajos en prácticas de
los mismos, con el fin de cumplir aquel objetivo. El Ayuntamiento
de Irun había aprobado con anterioridad la
convocatoria de oposición restringida
para la provisión en propiedad de
una plaza de auxiliar de Archivos, Bibliotecas e Investigación,
vacante en la Plantilla, pero al no llegarse a ningún
acuerdo, aún no se había designado Archivero. En el pleno
del 17 de diciembre de 1982 se
aprobó el puesto de archivero el cual recayó
en Jose Monje García, licenciado
en Filosofía y Letras.
Hasta el año 1987 los fondos del Archivo estuvieron dispersos
en las diferentes dependencias municipales. Finalmente,
fue trasladado a las dependencias
de la Villa Ikust-Alaia donde, en la actualidad,
gozan de unas condiciones inmejorables de conservación.
En los últimos cinco años
el local ha sido objeto de grandes
cambios estructurales. Se ha ampliado creando
dos nuevos depósitos y una
sala de trabajo interno y se han eliminado
barreras arquitectónicas facilitando el acceso
mediante la construcción de una rampa.
Cuenta con sistemas de control
de temperatura y humedad relativa y un sistema
antirrobo. El Archivo también ha sido
dotado de un sistema de detección
de incendios y de un dispositivo de gas que
se dispara automáticamente, puertas
cortafuegos y armarios rodantes que, además
de no ser combustibles, permiten aprovechar mejor el espacio.
También en este período se han acometido
tareas de digitalización
(más de un millón de imágenes) y
restauración de documentos.
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| Las
memorias del Archivo Municipal están disponibles en formato
PDF . Para descargarlas, pulsar el botón derecho del ratón
y elegir: "Guardar destino como..." |
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